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martes, 15 de enero de 2013

Descubriendo la magia de los libros

Existen personas que diran que un buen libro debe tener un vocabulario culto y una historia original, así como unos personajes bien ideados. Yo no creo que un libro con estas cualidades deba ser bueno a la fuerza, del mismo modo que sin tenerlas puede ser una obra maestra. Un buen libro, por encima de todo, debe llegar al lector, cautivarlo, seducirlo. No importa si la historia es compleja o sencilla, si el vocabulario es fluido o no lo es o si los personajes son redondos, planos o, ya puestos, triangulares. La clave está en que atraiga, que impulse a seguir leyendo. 

Algunos libros estan tan cargados de adjetivos, palabras cultas, metáforas y tramas excesivamente complejas que, sencillamente, terminan por aburrir al lector por muy ingeniosos que sean los recursos que el autor utiliza. La genialidad del escritor no está en sus conocimientos linguisticos ni en su desbordada imaginación. La genialidad del escritor está en su capacidad de transmitir esas cualidades u otras al papel con la suficiente brillantez como para encantar al lector, y no importan las características del libro. 


Auque es cierto que se puede leer para obtener conocimiento, seamos sinceros, la mayoría leemos para entretenernos y disfrutar de la magia de un buen libro. CASI NADIE lee un libro de 1500 páginas por muy buena gramática que tenga o por mucha información que contenga. Puede parecer poco inspirado y filosófico decir lo que diré pero, al fin y al cabo, las novelas no son otra cosa que PURA DIVERSION, ¿oh no?


Viangi Duval Rosado

domingo, 13 de enero de 2013

100 mejores libros de la historia


A sangre fría
  • 1984, George Orwell
  • 100 años de soledad, Gabriel García Márquez
  • Crimen y Castigo, Fedor Dostoievsky
  • La Odisea, Homero
  • A sangre fría, Truman Capote
  • Guerra y Paz, Leon Tolstoi
  • El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde
  • Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes
  • Grandes expectativas, Charles Dickens
  • El rojo y el negro, Stendahl
Demian
  • La Divina Comedia, Dante Alighieri
  • Orgullo y Prejuicio, Jane Austen
  • Fausto, Johann Wolfgang Goethe
  • Catch 22, Joseph Heller
  • El Conde de Montecristo, Alejandro Dumas
  • La insoportable levedad del ser, Milan Kundera
  • Las uvas de la ira, John Steinbeck
  • Demian, Herman Hesse
  • Madame Bovary, Gustave Flaubert
  • El tambor de Hojalata, Günter Grass
Pippi Calzaslargas
  • El principito, Antoine de Saint-Exupery
  • Cumbres borrascosas, Emily Brontë
  • Ulises, James Joyce
  • Lolita, Vladimir Nabokov
  • Un mundo feliz, Aldous Huxley
  • Pippi Calzaslargas, Astrid Lindgren
  • Hamlet, William Shakespeare
  • Los cuentos de Canterbury, Geoffrey Chaucer
  • Trópico de Cáncer, Henry Miller
  • La Ilíada, Homero
El Decamerón
  • Drácula, Bram Stoker
  • El Decamerón, Giovanni Bocaccio
  • El gran Gatsby, Scott Fitzgerald
  • El guardián entre el centeno, J.D. Salinger
  • Chacal, Frederick Forsyth
  • Los miserables, Víctor Hugo
  • La señora Dalloway, Virginia Woolf
  • El origen de las especies, Charles Darwin
  • Frankenstein, Mary Shelley
  • Moby Dick, Herman Melville
La naranja mecánica
  • Ensayo sobre la ceguera, José Saramago
  • La naranja mecánica, Anthony Burgess
  • En el camino, Jack Kerouac
  • El extranjero, Albert Camus
  • La metamorfosis, Franz Kafka
  • Zorba el Griego, Nikos Kazantzakis
  • En busca del tiempo perdido, Marcel Proust
  • Los renglones torcidos de Dios, Torcuato Luca de Tena
  • El buscón, Francisco de Quevedo
  • El señor de los anillos, J. R. R. Tolkien
La Eneida
  • La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón
  • Los viajes de Gulliver, Jonathan Swift
  • El túnel, Ernesto Sábato
  • Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche
  • La Biblia
  • Pedro Páramo, Juan Rulfo
  • Las mil y una noches
  • La Eneida, Virgilio
  • Las Nieblas de Avalon, Marion Zimmer Bradley
  • El perfume, Patrick Süskind
Viaje al centro de la Tierra
  • El abanico de seda, Lisa See
  • Yo, Claudio, Robert Graves
  • La quinta montaña, Paulo Coelho
  • Thérèse Raquin, Èmile Zola
  • El nombre de la Rosa, Umberto Eco
  • Cinco horas con Mario, Miguel Delibes
  • La montaña mágica, Thomas Mann
  • Viaje al centro de la Tierra, Julio Verne
  • El Tartufo, Molière
  • Las aventuras de Huckelberry Finn, Mark Twain
El viejo y el mar
  • Buenos días, tristeza, Francois Sagan
  • Las almas muertas, Nikolai Gogol
  • Casa de muñecas, Henrik Ibsen
  • Estudio en escarlata, Arthur Conan-Doyle
  • El señor de las moscas, William Golding
  • Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll
  • Don Casmurro, Machado de Assis
  • Trainspotting, Irvine Welsh
  • El viejo y el mar, Ernest Hemingway
  • Harry Potter, J.K. Rowling
Bel-ami
  • Guillermo Tell, Friedrich Schiller
  • Arde París, Dominique Lapierre
  • Diálogo, Galileo Galilei
  • Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, Edward Gibbon
  • Los novios, Alessandro Manzoni
  • Bel-ami, Guy de Maupassant
  • Narraciones extraordinarias, Edgar Allan Poe
  • Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, John Irving
  • Alguien voló sobre el nido del cuco, Ken Kesey
  • Mientras agonizo, William Faulkner
Kim
  • Lo que el viento se llevó, Margaret Mitchell
  • Historia, Heródoto
  • El Lazarillo de Tormes, Anónimo
  • Matar a un ruiseñor, Harper Lee
  • Kim, Rudyard Kipling
  • Hojas de hierba, Walt Whitman
  • Momo, Michael Ende
  • Edipo Rey, Sófocles
  • El Aleph, Jorge Luis Borges
  • Los pilares de la Tierra, Ken Follett

viernes, 11 de enero de 2013

Concentración y escritura



La concentración implica enfocar todos los esfuerzos en pocos proyectos; cuantos menos, mejor. De ser posible, en un solo proyecto de escritura a la vez. Desde el punto de vista cognitivo, retomar cada día el hilo de lo escrito el día anterior es mucho más fácil si se trata del mismo tema, el mismo proyecto, el mismo producto. En cambio, si tenemos tres o cuatro cosas, ¿cuánto tiempo real podemos dedicarle a cada una? ¿Cuánto tiempo se desperdicia solamente recordando dónde habíamos quedado la última vez?


Idealmente, la escritura debería ser una labor profesional, de al menos cinco días a la semana, ocho horas diarias. Pero admitámoslo: ¿cuántas personas tienen ese privilegio? Más aún, ¿cuántas pueden sostener las labores intelectuales necesarias para la creación literaria durante tantas horas seguidas, por periodos prolongados (superiores a uno o dos meses)? Lo usual es tener una ocupación diurna y dedicar unas pocas horas al día a escribir. Y cuando digo “horas” ya me refiero a quienes han logrado una rutina bien acomodada en su vida cotidiana, de al menos dos horas diarias; tres o cuatro, cuando hay muy voluntad, salud y circunstancias favorables. Esta deseable rutina, con mucha frecuencia, solo puede sostenerse de lunes a viernes, puesto que los fines de semana están llenos de imprevistos y una nutrida vida social o familiar.
Diez horas semanales, dedicadas a la misma novela, podrían lograr un borrador completo en tres meses (un borrador duro, sin corrección). Pero si de las diez horas solo se dedican dos a esa novela, otras dos a un cuentario, otras dos a un poemario y, finalmente, dos más a ideas sueltas… ¿cuánto tiempo tomará alcanzar el borrador de la ansiada novela (o del cuentario, o del poemario)? En lugar de doce semanas, el proceso se alargará un mínimo de sesenta semanas para cada texto, es decir, más de un año completo para la novela; cinco años para el resto.
En cambio, cuando le permitimos a alguno de nuestros textos tener primacía sobre los demás, al menos durante el 80 % del tiempo real de escritura, este paulatinamente se va volviendo más fuerte y se nos va metiendo por todas partes. Se cuela en nuestros pensamientos cotidianos, se nos aparece en sueños, se transforma en visiones en plena vigilia, se comienza a escuchar en los susurros del viento… Cuanto más se sostenga el esfuerzo de concentración, más posibilidades tenemos de cruzar un punto de no retorno a partir del cual la escritura ya es inevitable. Se transforma en una compulsión que obliga a seguir y seguir, a descargarlo todo sobre la página en blanco, a no soltar ni por un momento el hilo de la historia, ensayo, cuento, tesis… No importa el producto: el proceso creativo es similar y los beneficios de la concentración son válidos casi para toda forma de escritura.
Esta recomendación no es una fórmula ni una obligación. No faltará quien tenga éxito en manejar varios proyectos simultáneamente, al menos durante ciertas etapas iniciales. Pero hay quienes hemos visto los resultados de abandonarlo todo y dedicarnos por entero a un único texto, sobre todo cuando se alcanza la fase final de escritura del borrador definitivo. Ya vendrán las revisiones, las evaluaciones, la edición, la publicación, la reedición… Pero la magia de pensar en una sola historia, idea, hilo rinde frutos visibles y tangibles en la forma de manuscritos terminados y listos para comenzar su camino hacia el público.